Pablo Medrano, cocinero y propietario del restaurante Oquendo, recogerá hoy el premio San Pancracio Jaime Parodi al compromiso empresarial en su primera edición, un premio que él mismo dice que le sorprende porque sólo cumple con lo que cree que debe cumplir.

 

 

 

Pablo Medrano es vasco. De San Sebastián para más señas. Y eso ya le hace un tanto diferente. De su tierra no sólo trajo a Cáceres su afamada cultura gastronómica, más aún siendo cocinero, sino que implantó en la ciudad otro modelo de hacer negocio muy vasco, o sea, mirando por la ciudad que para él es sinónimo de mirar por su empresa.

Esa ha sido su máxima desde que abriera el restaurante Oquendo hace 13 años en Cáceres, a la que él llama ya “mi ciudad”, y es la que le ha empujado a implicarse en iniciativas dispares a lo largo de los años. Una de ellas, el Festival Solidario de Cine Español con el que colabora desde hace cuatro años organizando varias actividades benéficas. Mañana, algo “sorprendido y avergonzado”, según sus palabras, recibirá un premio San Pancracio por ello.

 

¿Qué ha hecho para merecer este premio?

La verdad es que no sabía que estaba haciendo algo para que me dieran ningún premio. Sólo he tratado de apoyar uno de los eventos más bonitos de esta ciudad y uno por el que debíamos sentirnos más orgullosos y que no podemos permitir que desaparezca, sino todo lo contrario. Quienes de verdad merecen un premio son las ONGs que trabajan en Perú o en Brasil con gentes que ya quisieran vivir la crisis que nosotros tenemos.

¿Cómo lo recibe?

Con ánimo agridulce porque la situación económica que vivimos ha hecho que las instituciones retiren parte de su apoyo a un encuentro tan importante, y eso me da mucha tristeza. Por otro lado, me alegro de que me den un premio que no merezco si eso anima a una mayor implicación de los empresarios y hosteleros, pero me siento sorprendido y algo avergonzado que me hagan un reconocimiento por cumplir con lo que se debe de cumplir.

Un cocinero metido a filántropo. ¿Cómo se cuece eso?

Solo me considero un cocinero y una persona comprometida con mi ciudad que, aunque soy de San Sebastián, ahora es Cáceres. Yo solo soy alguien que puede aportar un granito de arena a este festival para que pueda aspirar a subir peldaños. Y lo que es una incongruencia que sea un festival solidario y choque con la insolidaridad de la gente para rascarse el bolsillo. Para recoger hay que sembrar.

¿Tiene alma de mecenas?

No, no. Únicamente tengo el alma de un tipo vulgar y corriente que piensa que si le va bien al vecino de al lado, me irá bien a mí y si le va bien a la ciudad, también me irá bien a mí, por eso hay que apoyar actividades como esta.

¿Qué gana el empresario con esta ‘inversión’ de aparente beneficio cero?

Yo, tranquilidad conmigo mismo. Me gusta pensar que mi padre y mi madre hubieran hecho lo mismo o más y me gusta pensar que se puede contagiar a alguien este espíritu y eso ayuda a tirar para adelante. Y en lo económico, lo único que genera son gastos, pero es el gasto que más satisfacción me da.

Pues no siguen muchos su ejemplo. ¿Falta conciencia, solidaridad o simplemente sobra tacañería entre sus colegas?

Una mezcla de las tres cosas, pero lo que más falta es compromiso y quizás sea necesario que no se hable tanto de Cáceres o se critique tanto apoyado en la barra de un bar, porque el movimiento se demuestra andando. Si tú quieres a tu ciudad tienes que apoyar iniciativas como esta que tanto y tan buen nombre han dado a Cáceres.

¿Hasta dónde extiende su altruismo?

Colaboro con otras ONGs y con eventos o situaciones puntuales, aunque me gusta hacerlo de forma más anónima.

¿Cómo surgió la relación cinéfila-altruista Oquendo-ReBross?

Me pidieron hace cinco años una colaboración para hacer una cena benéfica, me explicaron de qué iba y para qué era la recaudación y me pidieron precios de menú. No hubo lugar para la duda, no les cobré nada e hicimos la cena. Todo lo que se recauda va a parar a las ONGs. El resultado ha sido tan bueno que tenemos lista de espera para cenar cada año, así que hago un llamamiento a otros restaurantes para que se sumen a la iniciativa.

¿Y cuánto tiene de cinéfilo?

Poco. No soy muy de cine, pero una cosa no quita la otra. Yo tengo un problema, que salgo demasiado cansado y tarde de trabajar, así que en cuanto me apagan la luz me duermo. La cinéfila de la casa es mi mujer, Julia.