La bodega extremeña de los hermanos Juan Pedro y Diego Carrillo recibió ayer por la noche un premio a la mejor labor vinícola del año y por su colaboración con el festival en el transcurso de la cata y la cena benéfica que tuvo lugar en el restaurante Oquendo.

 “Colaborar con este festival es un placer y una oportunidad para llegar a la gente con nuestro vinos. El festival es una herramienta y este premio nos hace mucha ilusión”. Con estas palabras recogió ayer por la noche el Premio San Pancracio a la mejor bodega extremeña del año Diego Carrillo, enólogo y copropietario de la bodega Pago de las Encomiendas.

El premio fue una de las sorpresas de la cata y cena benéfica que acogió anoche el restaurante Oquendo dentro de las IV Jornadas de Cine y Vinos incluidas en las actividades del Festival Solidario de Cine Español de Cáceres. Es la primera vez que se entrega este premio que la Fundación ReBross espera consolidar en sucesivas ediciones del festival con el doble objetivo de reconocer el buen hacer de los vinateros extremeños e impulsar sus vinos.

Como en ediciones anteriores, en el acto se presentaron los nuevos vinos de cinco bodegas extremeñas, entre ellas Pago de las Encomiendas. A la cata y cena benéfica asistieron 68 invitados, todos ellos relacionados con las propias bodegas y las ONGs Comité Ipiranga e Hijos del Sol Inti Rayni a las que va destinada la recaudación del festival y de todas sus actividades, como ésta. Cada invitado pagó 60 euros por su cubierto, incluidos los bodegueros, los miembros de la organización y los propietarios del restaurante Oquendo.

Pablo Medrano, cocinero y propietario de Oquendo, se refirió a esta cata como una de las más especiales que organiza su establecimiento porque supone una aportación para el festival y para dar a conocer los vinos extremeños que tanto les cuesta vender, dijo, a los propios extremeños a los que animó a pedir vino de su tierra en los bares y restaurantes. El hostelero tuvo palabras de recuerdo y elogio para el desaparecido recientemente Jaime Parodi, también empresario de la hostelería y colaborador del encuentro cinematográfico cacereño.

Juan Paniagua, miembro de la Fundación ReBross, agradeció “más que nunca”, ante la situación económica general y el recorte presupuestario sufrido por el festival, la colaboración de las bodegas –aportan gratuitamente los vinos y pagan hasta su cubierto en la cena- y el restaurante, que es ya “nuestra casa”, para continuar con esta iniciativa que se ha convertido “en un referente” vinícola.

Uno de los momentos más emotivos de la noche llegó con la intervención de José María Montero, representante de la ONGs Hijos del Sol Inti Rayni, al recordar el fin de la cita enológica, gastronómica, solidaria y cultural indicando que mientras “nosotros estamos aquí, hay un niño en Brasil o en Perú que, gracias a esto, hacen algo más que sobrevivir, como intentar ir a la Universidad”. Manifestó su convencimiento de que todos los presentes tenían “un poder, el poder de cambiar las cosas, el poder de cambiar la vida de esas personas”. Por lo que pidió a todos “no renunciar nunca a ese poder”.

         Los vinos que se degustaron fueron Pradomayo blanco (Bodegas Romero), Nadir rosado (Bodegas Pago de las Encomiendas), Dehesavieja (Bodegas Dehesavieja), Madre del Agua (Bodegas Toribio) y Gran Buche (Bodegas de Occidente). Los bodegueros, que explicaron uno a uno las características de su nueva referencia según se fueron sirviendo a los invitados, agradecieron la organización de una iniciativa así que les permite “matar tres pájaros de un tiro: promocionar el vino, ayudar a un festival y a gente que lo necesita”, señaló Fernando Toribio.

Los mismos vinos acompañaron los platos cuidadosamente elaborados para la ocasión por el esmerado equipo del restaurante Oquendo, cuyo menú fue  elogiado entre los invitados aunque el fin último de esta noche de cine y vinos no fuera ni comer ni beber, sino el ayudar a niños y jóvenes de zonas desfavorecidas de Perú y Brasil.